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Columna de opinión de Ljuba Boric, Coordinadora del Diplomado Diversidad e Inclusión en Educación Superior

  "Diversidad e inclusión. Herramientas para enfrentar la exclusión social"Abordar y promover la diversidad y la inclusión en Educación Superior es un desafío y una necesidad que se encuentran más vigentes que nunca. Tras las demandas del reciente estallido social, los posibles efectos de la actual pandemia y las problemáticas sociales planteadas por la ciudadanía, no quedaron más que al descubierto las distintas necesidades no resueltas de una sociedad diversa y desigual, en muchos aspectos vulnerada y vulnerable, pero por sobre todo poco inclusiva, donde historicamente ha imperado la negación del otro y la reproducción de procesos de marginación y exclusión social. La demanda por un trato equitativo en la sociedad se ha hecho presente en distintos ámbitos: movimientos por la diversidad sexual e igualdad de género que reclaman por derechos de equidad, respeto y no agresión; estudiantes universitarios y secundarios que exigen una reforma educacional que expanda las oportunidades y garantice el acceso a la educación sin agravar la segregación socioeconómica; ciudadanos de regiones que reclaman por un nivel de desarrollo desigual entre la capital y otros territorios que han pasado a segundo plano; población migrante que ha estado expuesta a  prejuicios, prácticas discriminatorias y hostilidad social; pueblos indígenas violentados, desplazados y olvidados; personas en situación de discapacidad que solicitan una mayor visibilidad y manifiestan la necesidad de ser considerados en las políticas públicas. Si bien estamos frente a una sociedad globalizada y en constante transformación claramente existe una demanda desde distintos frentes, por un nuevo “contrato” de inclusión social en el que actores hasta ahora excluidos/as o marginados/as tengan oportunidades equitativas y participen en la construcción del cambio social y el bienestar general. Es así como la educación inclusiva en Latinoamérica enfrenta nuevos desafíos, cada vez más estructurales y multidimensionales, tensiones que se encuentran activas a la luz de la promoción de una sociedad más justa e igualitaria. En este sentido vital es comprender la educación como un proceso constante de cambio. El desarrollo de buenas practicas, el incentivo de programas educativos que promuevan una educación inclusiva y la constante innovación en la implementación de herramientas y estrategias pedagogicas acorde a los tiempos actuales, surge como una gran oportunidad para las Instituciones de Educación Superior, con el fin de adoptar un rol protagonico y asumir propuestas que contribuyan a la formación de personas bajo lineamientos de enfoques transversales de derechos, haciendose cargo de la integración social, la disminución de las brechas de acceso y desigualdad, y la valoración de la diversidad.     La invitación y el desafío por avanzar y responder a las necesidades de inclusión, equidad e innovación es lo que nos convoca hoy.